Marchalenes: poblado o arrabal, nunca alqueria
Juan B. Viñals Cebriá
Nuestro territorio
En tiempos pasados Marjalena/Marchalenes, fue una extensa superficie de tierras marjales situadas a la vera del río Turia, en el septentrión de extramuros de la luminosa ciudad de Valencia. Por lo tanto quien busque cielos y tierras oscuras, que no se detenga por estos lares, puesto que el raval de Marchalenes fue festivo, alegre y comprometido con el trabajo. Antaño, els marjalers, eran unas personas satisfechas y no les producía demasiada merma el sentimiento trágico de la vida. Lo que de verdad conocían, eso si, es el costo de la placidez.
Visto desde la distancia del tiempo el lugar de Marjalena/Marchalenes, era como un paraíso donde podía yacer encubierta la fortuna para los hombres de propensión clara y pulso sereno. Hay quien piensa que en este poblado o arrabal, prendía el oro cual vegetal de las ramas de los árboles de los más variados frutos que se cultivaban por estas ubérrimas huertas, o se multiplican las ganancias en las espigas de los arrozales que se sembraban en les terres marjalenques y a la vera de la acequia de Tormos: eso fue siempre una verdad a medias, pues el oro dels marjalers se llamaba intuición, esfuerzo, tesón, y sacrificio y la proximidad del gran mercado, que era la gran ciudad.
¡Qué esfuerzo más sobrehumano! Muchas de estas tierras, antes de ser trasformadas en horta, fueron como bien dijo el erudito Roque Chabás.-“junquerales y almarjales”. Recordar, que muchos de estos fértiles campos, antes de ser horta, fueron baldíos aigua molls. Las dificultades con el que hubieron de encararse los primitivos Marjalers, y a fe, que lo consiguieron con sapiencia y trabajo, es el agua que sobraba con demasía en algunas partes, y habia que cuidadosamente llevarla donde faltaba en otras huertas. Había que transformar los terrenos baldíos, y por lo tanto más que esforzase, habia que sacrificarse duramente en la faena. De no contar con personas tan porfiadas e inteligentes, una amplísima franja del territorio de este arrabal hubiese permanecido yerma, como consecuencia de la descomposición de las aguas estancadas. Pero hay que reconocer lo que han hecho los labradores en el antiguo Marjalena para trocar en huerta fecunda los baldíos humedales.
La lucha frente los marjales y junquerales, iniciada por nuestro primitivos pobladores en toda aquella prehistórica Valencia, fue una lucha dura, que costo cuantiosísimas vidas y esfuerzos indomables. Poco se ha escrito sobre la tenacidad, y el esfuerzo desplegado por aquellos hombres primitivos. Poco se ha contado sobre aquella odisea que tuvieron que soportar para canalizar el agua y en otras zonas encauzarla debidamente. Lamentablemente se ha escrito muy poco si exceptuamos los certeros escritos de Vicente Blasco Ibáñez, el novelista valenciano más universal, y del botánico Cavanilles, siglo XVIII. Quien dijo.-“Nada desprecia el valenciano, nada le detiene ni amilana. Pásmese el observador al contemplar tantos millares de individuos luchando contra las calenturas y la muerte de vivir en sitios aguanosos (…).Allí cultivan el arroz, dan curso a las aguas, arrancan multitud de plantas que muertas aumentarían la corrupción, revuelven el suelo siempre cenagoso y cubierto de agua, y a fuerza de trabajo logran abundantes cosechas (…)”. El culto Cavanilles en su importantísimo trabajo titulado.-“Observaciones (…)”, 1975, como consecuencia de encontrar distorsionado el nombre de de este arrabal, no lo dejó escrito en ningún momento en tan importante estudio. El erudito, solo hizo referencia a su paso con esta lacónica expresión “la corta aldea de la Esperanza”.La “distracción” del sabio, con respecto al nombre de nuestro poblado, al igual que lo hicieran entre otros Carboneres, debió de de ser como consecuencia de que prefirió ignorarlo, que escribir erróneamente el distorsionado Marchalenes.
Hay que hacer constar que por importancia y trasiego en nuestro poblado, distrito o arrabal, contaba con tres torres vigías (espiocas), la Torre de la Unión, Torreta de la Zaidia, y Torreta de Tendetes. Los labradores de este poblado, eran los primeros que todos los días llegaban al Mercado de Abastos de Valencia, donde pregonaban sus frutas y hortalizas con la peculiar garantía al grito.- >¡El Marjaler! -No habia nada más que hablar, estaba garantizada la calidad de la mercancía.
domingo, 19 de octubre de 2008
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